martes, 8 de marzo de 2011

fraternidad

PLEGARIA DESDE LAS TIERRAS ALTAS
(Un momento de plegaria y correspondencia)
“La plegaria constituye una terapia de la confesión.(...) Personas que son ellas mismas, que confieren experiencia y son su fundamento, de manera que el himna del corazón ve en ellas, y no en nosotros, a las Personas verdaderas. Nosotros les hablamos, ellas nos hablan, y esta “situación dialógica” que constituye la plegaria (a diferencia de la adoración, la idolatría, el éxtasis) como acto psicológico es, en palabras de Corbin, “el acto supremo de la Imaginación Creadora”
(James Hillman, “El pensamiento del corazón)
"La resistencia poética ha empezado ya hace mucho tiempo a transformar lo estético, lo ético y lo político en la Ciudad, pero de forma individual, local, clandestina. El paso efectivo de la patria a la 'fatria' se produce sin ruido mediático, sin espectacularidad. (...) En al memoria de las mujeres, el tiempo circular de la prehistoria ha sobrevivido clandestinamante a todas las formas de inquisición (...) La hazaña del pensamiento de las mujeres no es encarnar la memoria del fuego, es haber sobrevivido, siglo a siglo, a las pruebas de la hoguera, del linchamiento, del hospital psiquiátrico. Será inventar las lenguas de la gran distancia entre la arkhé y la tékhne, y transmitir el uso a los hijos del siglo por venir. (...) Rimbaud predecía que la devolución de la mujer a sí misma estaría en el origen de una mutación de mentalidad. Expulsar a una mujer a su soledad es forzarla a volver a parirse para escapar del suicidio o de la locura. Hacer del expulsor el objeto de otra expulsión fue la respuesta feminista radical a la misoginía fundadora de la filosofía occidental. Pero entre estas dos morales simétricas, ambas determinadas por el principio de exclusión, está la vía poética. Una mujer no puede emprenderla con posibilidad de éxito si no la mueve el amor incondicional al amor. La primera operación mental que exige esta búsqueda del paso es la alianza con el hombre-hermano, que implica la ruptura con el 'hombre de piedra' (...) La hermana conducirá la barca que debe pasar por el estrecho entre un patriarcado intelectual autoritario y un matriarcado afectivo no menos abusivo. En el ensanchamiento del paso, el horizonte de la fraternidad."

(Claire Lejeune. El Libro de la Hermana, Ed Pre-Textos 2002, traducción de Flor Herrero)

UNA PLEGARIA. DESDE SENEFFE HASTA OBAN.
En el camino del corazón uno se encuentra con un pequeño número de personas con las que establece una particular conexión, personas que son “auténticas” en un universo de fantasmas, personas a las que reconoce “como uno de los suyos”, y esa conexión se establece como la de dos vasos sanguíneos. Son personas con las que existe un diálogo más allá de su presencia física y mutuamente se enriquecen e iluminan sus corazones, exista encuentro físico entre ellas o no.
Existen amigos, seres queridos, con los que esta relación se afianza y crece con el tiempo. En otros casos, las relaciones son más breves, efímeras, o responden a un momento concreto del tiempo de la historia personal. En el caso de personas creadoras, artistas, de personas con una proyección de su arte u oficio hacia el exterior, la relación también tiene ese sentido de diálogo o conexión intemporal, incluso aunque aparentemente no suceda un conocimiento personal, sino sólo a través de la propia obra y sus gestos y actitudes, e incluso en el caso en que ese conocimiento sea aparentemente unilateral, se puede sin embargo dar el caso de que tú también tengas tu propia obra u oficio, tus gestos y actitudes, ajeno a las de la otra persona, y desarrollándose la de los dos en contextos espacio-temporales en los que no se produce un contacto “real”.
A mi siempre me ha gustado la palabra “correspondencia”. Y la frase mantener correspondencia, en los sentidos en que pueda leerse y decirse.
Como en algunos otros casos, en el caso de Bob Dylan, sin pretender ir más allá del conocimiento de su obra a través de la expresión de la misma en vivo o en su escritura o en su escucha grabada, he experimentado desde, por poner una edad, los 13 años, esa sensación de alguien con quien mantienes correspondencia.
“Wordsworth y Coleridge mantenían correspondencia”. “Rilke y Lou-Andreas Salome mantenían correspondencia”. Dos amigos mantienen correspondencia. Y podría seguir en otro orden de cosas diciendo: “Los pájaros y la lluvia mantienen correspondencia”. “Alguien que vive en mi barrio mantiene correspondencia con Cartier Bresson, con Doisineau, o con San Juan, o con Leonard Bernstein”. “Los vivos y los muertos mantienen correspondencia”.... Así es como puedo decir que mantengo correspondencia con Dylan desde hace ya casi 25 años, con lógicas interrupciones, con momentos más intensos y otros más tenues, compartiendo esa correspondencia con otras personas, ya fueran conocidas por mí personalmente o no. Podría citar amigos, amores. Podría citar un gato. Podría citar a Conrad, Berger, Chejov, Dickinson, Beethoven, Cortázar, Morrison, Stevenson, Vermeer, Dylan Thomas, Barrio, una motocicleta, un mecánico...
En el caso de Dylan, sé perfectamente que esa correspondencia es sólo un fragmento compartido de mi amplia existencia, que su obra y la mía no se conocen “personalmente”, ni por supuesto las personas que las creamos. Pero para eso están las obras, para que viajen a su aire, para que fluyan y den lugar a encuentros y afinidades. Cuando más te apartas de lo que consideramos “nuestro mundo”, cuanto más te acercas a ese otro mundo mágico, casi primitivo, como así ocurre en el momento de adentrarse en las Highlands, las Tierras Altas de Escocia, menos importancia tiene quién hace qué, y más qué es lo que se hace, o simplemente, de qué forma conmueve lo que alcanza tus sentidos. Yo tuve esa experiencia en los pocos días que anduve por las Highlands, y sentí que esa experiencia me comunicaba con gente como Dylan, Burns, Keats, Stevenson, o con gente anónima que pasó por allí sin dejar más huella que la belleza que retuvo.
(Dos mujeres de mediana edad se acercaron en una esquina de una calle en Oban para preguntarme por la dirección de otra calle, quizás confundiéndome con alguien del lugar, y yo me disculpé explicándoles que no era de allí, que era español. Había cerca de nosotros un anciano de unos 80 años, con gorra y bastón, que se acercó a las dos señoras y les indicó el camino. Cuando ellas se marcharon, crucé una mirada con el viejo y le expliqué que yo no había podido ser de ayuda porque no era de allí. Y el anciano me dijo "no te preocupes, muchacho, nadie somos de aquí".)

(c) Fernando Garcin

lunes, 3 de mayo de 2010

Retirada - exilio republicano en Saint Gaudens-



RETIRADA

Retirada
del corazón primero
de la razón después
Tus ropas rotas, el pellejo que habla,
los restos del brillo
de la mirada inocente, exhausta
ante la barbarie, resto
de un naufragio en tierra…

El tren salió en la hora sin manos
Los raíles se llevaron el color de tus ojos
Para los dioses y para los insectos
era sólo otra vida que cambia de lugar

Cien lunas y otras tantas oraciones
Los rumores son hojas que vuelan
lejos del árbol de la dignidad

Hubo hambre, hubo nubes que cayeron
sobre los cuerpos a la intemperie
Dije hola a la mujer que sonreía
cuando arreciaban las bombas y la escasez
Me cubrí con la manta de los jugadores
en la tarde sin sed de los desiertos

Pienso en ti y camino por las vías
marcadas por el óxido y la prisa
No supe del amor hasta más tarde
cuando me pedían que sintiera algo más

Aspiramos el hinojo antes de la partida
Sé tanto de tierras como tú del mar
En la playa se hacen los castillos que han de caer
En los campos se pierde la ciudad de los amnésicos

Nos subimos a la noria de la inquietud
cuando de rojo la noche se tiñe los dedos
Llevo conmigo frutos secos y amargura
todo lo que salvamos de la oscuridad
Hubo traición, y hubo un gesto elegante
Nos cuidamos tanto como nos perdimos
Lo que amé de ti me hizo descarrilar

Nadie dijo que todo barco tiene un puerto
Ante el avance del dios de la muerte
buscamos refugio en una cara amable
La vida que cambia de lugar

La Retirada
El corazón fue primero y le siguió
la razón.





(inspirado en el cartel que trajo mi madre de su viaje a Les y Saint Gaudens
LA RETIRADA.
Hommage aux Républicains Espagnols
Saint-Gaudens, Pyrenées, Comminges)

(para mis abuelos, los Romeu y los Alfaro)

El Cantante Mudo, 2010

sábado, 20 de febrero de 2010

EN EL PRINCIPIO ERA EL VERBO (Jose Alcaraz)





EN EL PRINCIPIO ERA EL VERBO

Procura que el abrazo te pille siempre dentro. Cinco minutos antes ese consejo cruza mi cabeza y pienso que una cafetería puede ser un abrazo, porque parece que a todos nos ha pillado dentro del Ficciones Café esta noche. El odio se amortigua detrás de la ventana, me recuerda Miguel Hernández, invocado por la asociación cultural Diván para todos los actos de este año. Ven que te cuente, ciclo de cuentos, Fernando Garcín sale del pequeño escenario para repartir canicas entre el público y comienza a leer su primer microrrelato, Canicas: instrucciones de uso. 1, dice él, no tienen instrucciones de uso… Sin prisas, sin moldes, llega la feliz historia de Hollywood. A continuación los músicos suben a encontrarse con Fernando. A la guitarra eléctrica Álvaro Caballero, y al cajón Álex Martínez. Forman parte de Los últimos bañistas, un grupo de pop que suena igual de bien que su nombre (de origen poético). Lo demuestran desde el primer momento mientras acompañan a Garcín en El fumador sonámbulo, el último microrrelato de la noche. Pero justo antes ha leído un poema advirtiéndonos de él mismo:

Asfalto húmedo
La moto hace un extraño
El extraño soy yo…

Y suenan los primeros acordes del clásico Lucky Bar y luego llega La Mejor Hora. Las canciones habladas, el spoken word, el cuidado en la intención de las palabras mezclado con la música, empiezan a abrirse paso entre los asistentes. Por cierto, hay humo y la gente bebe, y en la pantalla del fondo están proyectándose los videoclips del artista. El tercero de los poetemas es Vanina Vanini (atención cinéfilos), estrenado para la ocasión. De pronto con Rey Escarlata se inicia una canción que aumenta su ritmo hasta volverse loca, como el mundo que dulce y surrealista se describe con versos como Esta noche los guerreros patinan en los parques o Cenicienta libera mariposas en las togas de los jueces. Fernando Garcín se ha empleado a fondo y el ambiente lo percibe. Ahora es el turno de otro tema nuevo, Mi guardapolvo gris, entrañable y pegadizo. Para finalizar con las canciones, Hay días raros es la encargada de poner el punto final, dejando todo patas arriba con afirmaciones como Las estaciones se paran en los trenes o El rodaje ha terminado / pero los actores siguen con su interpretación / Nadie dice “corten”. Y así, entre aplausos, Álvaro y Álex se despiden, Fernando Garcín también, a su modo, con un poema que es un guiño a la complicidad:

EL MONSTRUO

Cada vez que cierro el libro
con el monstruo dentro
la niña se ríe alborozada
y yo grito “hemos aplastado al monstruo!”
Lo que ella no puede saber
es que cada vez cierro el libro con más fuerza
y que he llegado a sentir
por un momento que en verdad
habíamos aplastado al monstruo.


Una velada redonda en un local redondo. Ficciones Café es uno de los rincones más acogedores de Cartagena, donde se puede degustar té, alcohol y buena música al mismo tiempo que disfrutar de las exposiciones que sus paredes nos ofrecen con asiduidad. Lleno de buena gente y detalles, la literatura también tiene su espacio en una maleta donde cualquiera puede hacerse con un libro dejando uno a cambio. Además de las películas de autor que se alquilan, pueden comprarse pósteres de películas y libros especializados en cine. Si a todo esto añadimos un pequeño escenario para actuaciones, ¿qué más se puede pedir?

José Alcaraz, poeta y coordinador del ciclo “Ven que te cuente”

(fotos: Ina Guillén)





FICCIONES CAFÉ. Cartagena. c/ Canigó, 30. Un café-bar diferente con videoteca del mejor cine independiente, proyecciones, intercambio de libros, café-teatro, exposiciones y recitales.

miércoles, 17 de febrero de 2010

The Open Space Magazine + dorota czerner spoken word

El Open Space Magazine es una revista multicultural de arte, con contenidos literarios, cinematográficos, musicales, filosóficos, ensayísticos, que se publica en Red Hook, NY, y que celebra en este último invierno su Décimo Aniversario. Entre sus editores están Benjamin Boretz, Dorota Czerner, Mary Lee Roberts, Tildy Bayar, David Rosenthal y Arthur Margolin.
http://www.the-open-space.org/index.html


Dentro de la misma editora, ven la luz trabajos individuales o en colaboración, entre distintos artistas. The Open Space es el proyecto de una comunidad de personas que proponen una experimentación de las formas de expresión artística y de pensamiento. Los textos que componen sus diferentes entregas proceden de compositores, intérpretes, escritores, filósofos, críticos, etc, que apuntan hacia la frontera de las formas de expresión y la aventura de la comunicación.



Además del formato de magazine, cuyas dos últimas entregas son la de otoño e invierno de 2009, en la primera de las cuales tuve el honor de colaborar, también editan CDs y DVDs y libros tanto en formato físico como digital donde se muestran creaciones de art work, poéticas, visuales, de música contemporánea y de video.
Las últimas ediciones corresponden a trabajos de Benjamin Boretz, Dorota Czerner y J.K. Randall. Se anuncian nuevos trabajos del mismo Benjamin Boretz con Dorota Czerner, Russell Richardon (video), y Mary Lee Roberts.



Concretamente el número 24 de la serie es un Cd creado por Czerner y Boretz y Elain Barkin.
CD de poesía-música con estos contenidos:
Dorota Czerner: “caves”, “dunes”
Elaine Barkin: “blanc”, “midi suite”, “violin duo”
Open Space 24
Producido para Open Space por Ben Boretz
2009


En este CD confluyen los poemas y la voz de Dorota Czerner y la música de Elaine Barkin y Ben Boretz.
“Vaces” (Cuevas) es un poema que relata, aludiendo a una idea recogida por un amigo de la autora, los gestos y actitudes de una pintora del paleolítico, y recrea la idea de que es una mujer entre muchas las que pinta los animales cazados, con su propia sangre, y siguiendo los ciclos menstruales. La poesía de Dorota Czerner es una poesía acentuadamente visual, en que la historia se cuenta desde el fragmento, y las palabras tienen tanta presencia como los silencios, lo más explícito puede verse atenuado por la elipse, y las palabras bailan como el crepitar de las brasas de una hoguera, o las pequeñas chispas que saltan del aparato soldador de un mecánico. ‘the female before the male… the ocean that comes before the illusion’; y la voz de la autora parece deslizarse por un muro invisible dejando que los colores de las palabras se posen en su brillantez o su oscuridad, briosos o tenues, siguiendo con su clara dicción y su cadencia calma los sonidos de Boretz y aludiendo a las otras músicas que acompañan a las palabras en este CD, la música para piano, la MIDI Suite y el Duo para Violín de Elaine Barkin, en un diálogo que tiene un efecto de temporalidad sin fecha, no premeditado, sino más bien hallado y reencontrado en lugares donde era posible la premonición aún más que el recuerdo.
El poema ‘Dunes’, un recuerdo de las dunas del Parque Nacional Slowinski en la costa sur del Báltico, donde pueden admirarse las más grandes dunas de Europa, bajo la influencia de fuertes vientos de tormenta, es una evocación de ese lugar casi mitológico, donde sol, barcos, sombras, arena, piel, calidez y viento despiertan la imaginación de la mente en un regreso de una niña asombrada ante las figuras de la mitología marina y draconianas y los misterios de las vacaciones de verano, entremezclados con sensaciones, olores, visiones; un poema que es un homenaje de la memoria, y con su recitado y su voz la autora hace audible esa caja de resonancia que crea entre la realidad y la ficción, la ternura y el recuerdo, el pasado, el presente y el misterio de lo que no tiene tiempo.


(C) Fernando Garcín

lunes, 15 de febrero de 2010

EL CAMINO DE VERA. PEP BELENGUER.



EL CAMINO DE VERA. PEP BELENGUER.

Aprendí a conducir una moto practicando por el Camino de Vera. No hace tanto. Aunque en estos tiempos que corren sin memoria, 15 o 20 años puedan parecer mucho. Hasta el punto de que cuando comentaba hace poco mi intención de escribir sobre el Camino de Vera había quien me preguntaba ¿y eso dónde está?
El Camino de Vera, del que apenas si quedan unos tramos, iba entre la huerta de Valencia y la de Alboraya, salvando la autopista hacia Barcelona, por rectas y curvas, entre campos de naranjos, chufas, y alquerías, hacia la playa del Cabanyal y la de la Patacona. De hecho, y hasta hace unos años, existía una entrada señalizada desde la Avenida Primado Reig, para el que quisiera acceder al Camino desde la Avenida y así llegar hasta la playa. Ahora parte del Camino se lo ha llevado la urbanización de Benimaclet y de Vera, la autopista, y las universidades, más todo lo que se edifica y se edificará delante y detrás.
Por allí aprendí a ir en moto, y por allí, hasta finales de los años 90’ –¿o debiera decir del siglo pasado?- aún se podía disfrutar de un buen paseo en moto, en bicicleta o caminando, hasta la playa, desde Benimaclet o desde Alboraya, o integrándose en el Camino desde la zona del Cabanyal, su último tramo hasta el mar.
Algunos poemas y sensaciones me remiten a ese Camino, algunas fotografías de esos años 80’ y 90’, alguna canción de mis discos como ‘Hoy lloviendo con Suzanne’, (2000), "Tramontana" (2000), "Valencia Fugaz" (1998) "Óxido", "No Nos Vamos A Quejar Nunca Más" y "1978" (2003), "Tapineria Nit Blues" y "Mañana Tú No Estabas" (2007), "Skaters en Nazaret" (por publicar, 2014), poemas de La Mirada en Trivia, algunos poemas de ‘La Ronda’, que luego fueron canciones, como ‘Hay Días Raros’, y algunos otros de ‘El Cantante Mudo’, ‘Eclipse’, incluso de ‘El Lejano Oeste’.
Hace algunos años, en 1998, mi madre me hizo llegar uno de los números de la revista de la Asociación de Vecinos de la Amistad que ella preside, y así pude leer muchas cosas que desconocía sobre la historia de los barrios que rodean o rodeaban al Camino de Vera. Esos artículos estaban firmados por ‘Galileo’ –una de sus firmas literarias- , o con su propio nombre, por Pep Belenguer.
Uno de esos artículos se llamaba “Alquerías valencianas desaparecidas”, otro “El Molino y Ermita de Vera”.
En 2001 la Federación de Asociaciones de Vecinos de Valencia, con el patrocinio de la Junta Municipal del Marítimo y la Concejalía de Cultura, editó el libro ”Cabañal-Cañameral. Pep Belenguer, Un luchador para un barrio”. En ese libro, de homenaje y recuerdo al desaparecido Pepe Belenguer, pude descubrir muchos de sus escritos y colaboraciones y aportaciones solidarias, cartas de denuncia, participación en reivindicaciones, poemas, artículos, cartas, documentos, etc, que hizo Pep Belenguer en su trayectoria ciudadana en los Poblados Marítimos y Cabanyal, además de las que hizo como miembro de la Junta de la Asociación de Vecinos de la Amistad. Y leer sus capítulos biográficos dedicados a sus recuerdos primeros del bombardeo de los Junkers sobre Nazaret y el Cabañal, del asedio a Valencia y la defensa antiaérea de la ciudad y más tarde con la ayuda de los Katiuscas y los Moscas, o de las anécdotas de personajes de aquellos tiempos; de adolescente y del Cabañal sus recuerdos de la posguerra y su miseria, su capítulo dedicado al recuerdo de la riada de Valencia en 1957, y la maravillosa semblanza de personajes populares de los poblados marítimos y el cabañal, Manana, el tío Pana, don Marcos el médico generoso, la Pilona, junto a personajes de peor recuerdo como el Jalifa de Marruecos nombrado por Franco y que visitó el puerto de Valencia o el Arcipreste de la parroquia del Canyameral.
Con permiso de quienes me hicieron llegar este material tan valioso, y poco a poco, iré dando a conocer algunos de esos escritos y recordatorios de Pep Belenguer sobre toda esa parte de Valencia tan deteriorada por el paso del tiempo y el inevitable, aunque a veces caprichoso, progreso.


ALQUERÍAS VALENCIANAS DESAPARECIDAS
Por Pep Berenguer

Las que más recuerdo fueron las que había en la huerta que expropió el Ayuntamiento cuando ensanchó los Viveros hasta la calle Jaca. Eran antiquísimas y una de ellas con ventanas góticas. Cuando la conocí habían instalado en ella una rudimentaria fábrica de papel. Las dos fueron derribadas sin considerar que podían haber servido para algo importante, por el mérito que tenían, artístico e histórico. Fue una desafortunada actuación del último alcalde nombrado a dedo.
Ahora se habla de salvar las alquerías de Campanar… pero no puedo olvidar las que fueron arrasadas cuando construyeron la Universidad Politécnica. Barracas y Alquerías antiquísimas.
Recuerdo la de Roig de Coll, la de los Marqués junto al apeadero de la Carrasca, la de Pepe Suay, el de la palmera. En la Senda Capelleta estaba la alquería “del coche”, casa solariega de los Andujar, rico terrateniente liberalote, amigo de Blasco Ibáñez. Allí le conoció mi padre cuando Blasco iba invitado a comer paella y después acudían los republicanos de la huerta y del Cabañal a rendirle homenaje y escuchar sus elocuentes discursos…
La alquería-horno de Bola fue de la familia de Teodoro Llorente. Estaba junto al Camino de Vera, con precioso jardín y muchas palmeras. Pasó a propiedad de un conocido labrador que sólo pensaba en la rentabilidad. Destrozó la alquería, el horno y las palmeras, convirtiéndolo todo en tierra de cultivo. Eso fue en los años cuarenta. Nadie dijo nada. Adiós paisaje y adiós historia. Allí escribió don Teodoro poesías que describían bucólicos paisajes, las adelfas y los paseos al mar cercano.
(13-4-1998, firmado como “Galileo”)






EL MOLINO Y ERMITA DE VERA
por Pep Belenguer

Quizá sea el paraje más típico de la huerta o Vega baja valenciana. Hace más de 20 años se estaba deteriorando el molino y también la ermita. Fue gracias al Ayuntamiento de Valencia que atendió en 1982 las peticiones de Miguel Sanchos, Presidente de la Asociación de Vecinos y labradores de Vera, que… compró los edificios al Marqués de Malferit (¿?) por 14 millones. Los molineros fueron alojados en el remozado edificio que fue escuela municipal, y se empezó a reparar el antiquísimo molino hidráulico que era movido por el agua de la acequia de Vera.
Después hubo personas capaces de reparar aquello. Reforzarlo con vigas nuevas y gastar mucho material. Pero desde 1991 allí nadie ha puesto ni un ladrillo…
Si no conoces aquel lugar, visítalo… Recuerdo cuando en mi juventud, los domingos, aquello se llenaba de pintores con sus caballetes. Por detrás estaba el famoso “CLOT de Vera”, rodeado de árboles que, junto con el camino Farinós, formaban un paraje delicioso. Todo desapareció y no escuché ninguna protesta de los ecologistas.
Hablé después con el concejal Salvador Blanco, que con Salvador Almenar, agrónomo de la Diputación, nos prometieron salvar aquello. Les facilité fotos antiguas, pero del Clot sólo queda cemento.

(firmado como Pepe Belenguer, marzo 1998)


(c) El Cantante Mudo, todos los derechos se reclinan ante Galileo.

domingo, 14 de febrero de 2010

gracia o misterio

Comimos juntos en familia el último día de enero y la niña sólo tenía ojos para la cámara y las almendras. Por la tarde salimos a pasear junto al mar, en una zona agreste llena de rocas, arbustos, piedras del barranco y una vieja estación de tren que parece abandonada pero donde los trenes siempre se detienen y hacen reverencia. Entre los matojos se llega a una zona elevada de piedra, y fue allí donde la niña tomó la cámara al fin porque quería hacer fotos a todos y el mar. Pasado el rato la observé concentrada, apuntando con el visor a una escollera lejana, en esa hora del atardecer en que todo parece estar más lejos y se empiezan a encender las luces artificiales.
“Quiero la escollera pero no quiero las luces de las casas”. “Y quiero el faro”.
Al final de la escollera, de la estrecha lengua de tierra del pequeño puerto, había un faro cuya luz se iluminaba de repente un instante y luego pasaban unos segundos incontables hasta que brillaba la luz de nuevo. La niña disparó la cámara numerosas veces, intentando hacer coincidir el ‘click’ con la luz del faro. En el visor comprobaba que no aparecía la intermitente luz.
“Es muy difícil”. Mientras no dejaba de hacer fotos al faro, como a todos y el mar.
Sí, es muy difícil. Yo lo intento todos los días. Y no hay forma. Pero la gracia está en disparar. Y el misterio en la luz que parpadea. Cuando huye pero viene.

(c) Fernando Garcín

El Cantante Mudo (papeles salteados)

EL CANTANTE MUDO. PAPELES SALTEADOS.


El Cantante Mudo soñó que nevaba toda la noche, y la Bailarina Morfina soñó toda la noche que nevaba. El Raro Ismael pasó la noche en blanco, con los dardos y la diana.
El Cantante Mudo pensó en 9 cronopios que salían alborozados a ver la nieve con sus abrigos, y sus bufandas, y sus guantes, y todo así. Había un décimo cronopio que salió más despacio, pues creía ser el Rey, de los otros 9 al menos, siendo así que tenía una cicatriz con forma de lombriz, una bufanda que anda, y la voz de Edward G. Robinson. Antes de mediodía la nieve ya estaba cuajada, el postre divino, en tanto el Raro Ismael que echó un breve sueño cerca del calefactor, salió al despertar en busca de sus amigos con la cara marcada, el resto del cuerpo desmarcado, el abrigo moteado y el pantalón iba con su agujero, ay, ahí. Nadie se echaba el guante, y cuando la Bailarina Morfina se le echó al Cantante Mudo cayó en saco roto, el Cantante Mudo había cerrado los ojos para escuchar mejor cómo suenan las botas cuando pisan blanco blando. La gorra era indispensable, para atrapar en su red el vaho de las bocas y tener material de primera para escribir segundas letras en terceros escaparates. La Bailarina Morfina escribió “risas heladas oh”, el Raro Ismael escribió “nada, el sol, todo nuevo”. El Cantante Mudo recordó el cumpleaños de una sobrina de un tío, y escribió “no sé los árboles que inventas, aquí se escapan de los tubos y cuando reciben de más sueltan hojas y los regalos entonces”.

(c) Fernando Garcín